Editorial


EDITORIAL

 

 

La COVID-19: reto para la ciencia mundial

COVID-19: a challenge for science worldwide

 

La humanidad sufre hoy una situación grave: casi 2 millones de personas se han afectado por una angustiosa enfermedad, la COVID-19, provocada por un virus poco conocido, el SARS-CoV-2, que ha provocado alrededor de 126 604 de fallecidos, incluidos jóvenes, aunque la afectación es mayor en personas de la tercera edad y aquellas que tienen factores de riesgo que los hacen más vulnerables como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, entre otras. La Organización Mundial de la Salud hace referencia a que el SARS-CoV-2 no va a desaparecer, lo cual implica que la humanidad tendrá que prepararse para enfrentar prospectivamente esta realidad, que complica más la situación epidemiológica de los diferentes países.

En pocos meses, el mundo se ha visto envuelto en una gran adversidad que quedará en la historia como una de las pandemias más grandes que hemos padecido en los últimos 100 años. La pérdida de tantas vidas dejará huellas sobre todos nosotros, y la repercusión psicológica de la incertidumbre es otro elemento impactante que conllevará a cambios en nuestras vidas futuras cuando esta pandemia termine.

Aunque los mecanismos fisiopatológicos no están del todo esclarecidos, al ser la COVID-19 una nueva enfermedad, muchos estudios sugieren que nuestro sistema inmunológico podría no defendernos de este enemigo mortal y, en consecuencia, fallan los mecanismos de control y respuesta fisiológica. El sistema nervioso parece también ser susceptible al SARS-CoV2 o a la exacerbada respuesta inmunológica proinflamatoria, lo que conlleva a graves trastornos de los mecanismos respiratorios centrales, trastornos cerebrovasculares, convulsiones y otras manifestaciones periféricas como la pérdida del gusto y del olfato.

Lamentablemente, aún no existen antivirales y vacunas efectivas contra la enfermedad, aunque se están desarrollando varios ensayos clínicos en diversas partes del mundo, pero su concreción no parecer ser tan inminente. Otras interrogantes nos quedan por responder, no solo la relacionada con la duración de la inmunidad generada contra el virus, sino qué posibles consecuencias a largo plazo que pudieran aparecer en los sujetos recuperados.

Mientras que en Cuba se garantiza gratuitamente la atención especializada a todos los contagiados y a sospechosos de contraer la enfermedad, los sistemas de salud en muchos países han colapsado, incluso de los que exhiben economías más desarrolladas, y la selección entre quién vivirá y quién no ha provocado situaciones traumáticas y éticamente muy cuestionables. Lo que sí está dejando claro esta pandemia es la pobre preparación de la humanidad para enfrentar este tipo de fenómenos, en una era en que están de moda los conflictos ocasionados por potencias que a toda costa luchan por el poder más allá de sus fronteras, una desmedida carrera armamentista y la pérdida de valores elementales como son la honestidad solidaridad y el humanismo.

Sin dudas, el mundo tendrá que ser otro después de que se supere esta catástrofe. Son momentos de unir fuerzas, talentos, de ser solidarios, de apoyarnos entre todos, de tender la mano, de eliminar las diferencias, las desigualdades, de invertir cada vez más en la ciencia, de cuidar al ser humano que la ejecuta, de brindarle las armas para que se conviertan en los escudos que permitan defender a la humanidad de esta calamidad y otras en el futuro.

Hace algunos años se hablaba de una tercera guerra mundial y los impensables estragos que esta haría en la humanidad, pero pocos imaginaron que hoy estuviésemos en guerra contra un enemigo común que la ciencia todavía no ha podido controlar, pues aún no cuenta con todas las armas necesarias.

Los científicos, médicos, enfermeros, otros trabajadores del sistema de salud y de múltiples áreas del conocimiento se encuentran de frente al combate, ya sea desde un laboratorio o en el diseño de un modelo de predicción científica, o directamente con el paciente. Somos el ejército de batas blancas creado por esta Revolución para combatir, sin miedo, bajo el concepto de salvar no solo una vida, sino a la humanidad. Nada supera ese actuar, nada supera esa consagración y a esos valores.

Los científicos cubanos trabajan incansablemente en la búsqueda de una solución para enfrentar la COVID-19 en diferentes aspectos, que van desde el desarrollo de modelos físico-matemáticos, modelos de geolocalización, estudios epidemiológicos o la evaluación de nuevos protocolos de tratamientos innovadores, los cuales comienzan desde la propia comunidad. Esto es posible solo en un sistema de salud como el cubano, que se caracteriza por defender la gratuidad de los servicios médicos, el internacionalismo, la solidaridad y la integración.

La Academia de Ciencias de Cuba deviene en una fortaleza para la ciencia cubana por su carácter multidisciplinario, ya que cuenta con los científicos de diferentes instituciones de todo el país, incluyendo las Filiales de la Academia, que hoy trabajan intensamente, en cada provincia, enfrentando esta enfermedad con la claridad que de que la integración de los investigadores y demás miembros de la sociedad hoy es más necesaria que nunca. La legión de hombres de ciencia y de pensamiento, que desde el paraninfo de la Academia pronosticó nuestro Comandante, hoy se ha unido con un objetivo común: encontrar una solución a esta pandemia y devolver la paz no solo para Cuba, sino para todo el planeta.

 

Dr. Cs. Luis C. Velázquez Pérez
Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba

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