Comportamiento informacional, infodemia y desinformación durante la pandemia de COVID-19


CIENCIAS SOCIALES Y HUMANÍSTICAS

Artículo original de investigación

 

 

Comportamiento informacional, infodemia y desinformación durante la pandemia de COVID-19

Informational behavior, infodemic and disinformation during the COVID-19 pandemic

 

Ileana R. Alfonso Sánchez1,
María de las Mercedes Fernández Valdés2

 

1 Doctor en Ciencias de la Información. Profesora Titular. Investigadora Titular. Directora del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas. La Habana, Cuba
2 Doctor en Ciencias de la Información. Profesora Asistente. Investigadora Titular. Jefa Departamento Docencia e Investigación. Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas. La Habana, Cuba

 

Autor para la correspondencia:
Dra. C. Ileana regla Alfonso Sánchez
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas. La Habana, Cuba
Correo electrónico: ileana@infomed.sld.cu

 

 


RESUMEN

Introducción. La segunda década del siglo xxi ha estado marcada por acuciantes cambios en la producción, diseminación y comunicación de la información. Se han generado nuevas formas de creación y diseminación del conocimiento, basadas en un fortalecimiento del trabajo en red, el uso de las tecnologías, la globalización y el desarrollo de sistemas de comunicación masivos, con el consiguiente crecimiento exponencial de la información.
Objetivo. Abordar la problemática de la desinformación a partir del análisis de situaciones informacionales que se sucedieron durante la pandemia de la COVID-19, así como aportar criterios con respecto a las nociones de misinformation y disinformation, partiendo de la definición de infodemia utilizada por la Organización Panamericana de la Salud.
Métodos. Se realizó un estudio descriptivo exploratorio, con una investigación documental para la actualización del tema y verificar los flujos de información sobre la COVID-19.
Resultados y conclusión. La expansión de la pandemia COVID-19 por el mundo demostró cuán expuestas están las poblaciones a la infodemia que azota a la sociedad moderna. Se evidencia la necesidad de implementar políticas de información que insten a las organizaciones e instituciones científicas, educativas y culturales a trabajar de forma coordinada en estrategias para la formación de competencias informacionales.

Palabras clave: infodemia; COVID-19; comportamiento informacional; desinformación; alfabetización informacional


ABSTRACT

Introduction. The second decade of the 21st century has been defined by escalating changes in the production, dissemination and communication of information. New forms have been produced for creating and disseminating knowledge, all based on network strengthening, the usage of technologies, globalization, and the development of massive communication systems, with the subsequent exponential growth of information.
Objective. To examine the problem of disinformation by analyzing informational situations that occurred during the COVID-19 pandemic. Also, to contribute ideas with respect to the notions of misinformation and disinformation, based on the definition of infodemic used by the Pan-American Health Organization.
Methods. This paper results from a descriptive and exploratory study, with a document investigation to determine the state of the art in the topic and to verify the flows of information about COVID-19.
Results and conclusions. The worldwide spread of the COVID-19 pandemic showed to what extent populations are exposed to this evil scourge on modern society, in this context treated as an infodemic. The need is evidenced to implement information policies for encouraging scientific, educational and cultural institutions and organizations to work coordinately in search of strategies for creating informational competences.

Keywords: infodemic; COVID-19; informational behavior; disinformation; information literacy


 

 

INTRODUCCIÓN

La sociedad moderna, gobernada por dos recursos esenciales: la información y el conocimiento, impone a los individuos el desarrollo de capacidades para acceder a datos e información que se pueden encontrar en libros, revistas, bases de datos, informes de investigación, entre otros y que está disponible en bibliotecas, centros de información, sitios especializados, repositorios, portales de revistas en acceso abierto (open access), redes académicas y profesionales, algunas de las cuales forman parte del llamado "Internet de las cosas". En este contexto diverso y dinámico no se pueden dejar de mencionar los cambios que el desarrollo de las tecnologías de la información ha suscitado en el proceso de comunicación científica, a partir del uso de las herramientas de la web 2.0 en la difusión de la ciencia y la investigación.

La segunda década del siglo xxi ha estado marcada por los acuciantes cambios en la producción, diseminación y comunicación de la información. Se han generado nuevas formas de creación y diseminación del conocimiento, basadas en un fortalecimiento del trabajo en red, el uso de las tecnologías, la globalización, el desarrollo de sistemas de comunicación masivos y una marcada tendencia a la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad.

Los procesos de generación de conocimiento se multiplican por día, la información crece desmesuradamente, se desarrollan plataformas que ocupan un espacio importante en la vida de la ciudadanía. Los proveedores de contenido aumentan y resulta imposible acceder, procesar y asimilar todo el cúmulo de información que se publica sobre un tema. En 2010, en el artículo "Sobre la imposibilidad de ser experto", Alan Fraser y Frank Dustan puntualizaron que, aún en un campo relativamente pequeño, uno debería haber dedicado todas las horas de trabajo a leer la literatura relevante, desde el comienzo de la carrera hasta el retiro, para poder ser llamado un experto. (1)

En otro sentido, se incrementan los flujos de información desestructurada, que se comparte con colegas de trabajo, grupo de amigos y redes de colaboradores, a través de redes sociales, listas, blogs, entre otras de las muchas plataformas que surgen con la web 2.0. Se trata de información que llega a sus receptores sin un proceso de evaluación previa, sin proceder, en muchas ocasiones, de fuentes validadas y que cada persona tiene la responsabilidad individual de evaluar antes de reutilizar y diseminar.

Area y Pessoa plantean que "uno de los fenómenos más destacables de este comienzo del siglo xxi es la sobreabundancia de información generada por el incremento exponencial de la misma, que es amplificada y difundida a gran escala por los múltiples y variados medios y tecnologías".(2) En la literatura especializada es lo que se conoce como infoxicación, que no es más que el exceso de datos que genera una visión confusa sobre la realidad. Estos mismos autores concluyen: "esta es una de las paradojas culturales más representativas de nuestra época: disponemos de los recursos y medios para la accesibilidad a la información, pero la limitada capacidad de procesamiento de la mente humana provoca que el umbral de comprensibilidad de los acontecimientos se vea sobrepasado por la excesiva cantidad de información que recibimos".(2)

En este escenario, los ciudadanos asumen el reto de adquirir competencias informacionales, que les permitan identificar adecuadamente las necesidades de información, localizar, acceder, evaluar, utilizar éticamente y compartir la información en un mundo mediado por las tecnologías de la información, resultando un cambio en el comportamiento informacional de las diferentes comunidades discursivas, donde interactúan personas capacitadas, con pensamiento crítico e independientes para tomar decisiones con respecto al uso de la información.

 

MÉTODOS

Se realizó un estudio descriptivo exploratorio que aborda la problemática de la desinformación a partir del análisis de situaciones informacionales que sucedieron durante la pandemia de la COVID-19, resultantes de la diversidad y cantidad de datos que circularon en el mundo. Se parte de los conceptos de misinformation y disinformation, y se contextualizan a partir de la definición de infodemia, utilizada por la Organización Panamericana de la Salud para caracterizar este fenómeno.(3)

Se utilizó la investigación documental para la actualización del tema y verificar los flujos de información sobre la COVID-19.

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Entendiendo los conceptos

El fenómeno de la desinformación se trata en la literatura especializada desde el siglo pasado, aunque algunos autores plantean que sus estudios han sido limitados(4) a pesar de la importancia que tiene el tema para la toma de decisión ciudadana. Quizás esta sea una de las razones por la que la desinformación no aparece tratada de forma explícita en muchos de los proyectos que abordan la alfabetización informacional, como paradigma esencial para fomentar en los ciudadanos el uso efectivo de la información.

Trabajos pioneros como el de Fox(5) y Losee(6) comienzan a discernir los conceptos de misinformation (información inexacta, errónea) y disinformation (información engañosa, deliberadamente falsa) planteando cómo la información errónea puede cumplir una función informativa causando confusión y ambigüedad. La desinformación tiene consecuencias significativas para las personas, los gobiernos y las empresas, al influir la información engañosa en sus acciones y decisiones.

La desinformación se genera a partir de información errónea, distorsionada, falsa o engañosa que no refleja el verdadero estado de mundo o el verdadero estado mental de la persona que la comunica. (4) Determinante en este proceso es el comportamiento que tenga el sujeto en su interacción con la información, lo que incluye el acceso a las fuentes de información y los canales utilizados, aspecto que es directamente proporcional a las competencias informacionales de la persona para evaluar con pensamiento crítico dichas fuentes y canales.

La problemática de la desinformación aumenta considerablemente cuando suceden hechos que por su significación se tornan globales. Entonces la participación masiva de cibernautas con diferentes puntos de vista e intencionalidades se hace presente, y se crean cadenas de transmisión de mensajes que contienen información con diferentes características y niveles de credibilidad.

Wilson plantea que "comportamiento informacional es la totalidad del comportamiento humano en relación con las fuentes y canales de información, incluyendo la búsqueda activa y pasiva de información y el uso de la información".(7) A partir de esta definición se plantea que el comportamiento informacional es el segundo estadio, después que se originan las necesidades informativas y cuando el individuo presenta una base de conocimientos e información insuficientes acerca de los fenómenos que le rodean. (8)

El desarrollo de estrategias que, desde los gobiernos, impliquen la participación de todos los sectores de la sociedad en la publicación y diseminación de datos e información oportuna, actualizada y validada, con el liderazgo de los sistemas de información en la ejecución de programas de alfabetización informacional, serán esenciales en la lucha contra la desinformación. Prueba de esto es el concepto de alfabetización informacional, renovado por el CILIP (Chartered Institute of Library and Information Professionals), que incluye:(9)

(...) la capacidad de pensar críticamente y hacer juicios equilibrados sobre cualquier información que encontramos y usamos. Nos empodera como ciudadanos para participar activamente en la sociedad.

La alfabetización de la información se relaciona con la información en todas sus formas; pero también con contenidos digitales, datos e imágenes. La alfabetización está asociada y se superpone con otras alfabetizaciones, incluyendo específicamente la alfabetización digital, académica y mediática.

Se alinea con otras áreas de conocimiento y ayuda a entender las cuestiones éticas y legales asociadas con el uso de la información, incluyendo la privacidad, protección de datos, el acceso abierto / datos abiertos y la propiedad intelectual. (9)


Karlova y Fisher plantean que "los temas de alto impacto, por ejemplo, salud, política, finanzas y tendencias tecnológicas, son las principales fuentes de misinformation y disinformation en contextos muy diversos, por ejemplo, negocios, gobierno y vida cotidiana". (10)

En el contexto de las ciencias de la salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) comenzó a utilizar el término infodemia (infodemic) para referirse a la sobreabundancia de información falsa y a su rápida propagación entre las personas y medios. Una publicación asociada a la pandemia de la COVID-19, de la prestigiosa revista The Lancet, recoge: (11)

El término infodemia se refiere a un gran aumento del volumen de información relacionada con un tema en particular, que puede volverse exponencial en un período corto debido a un incidente concreto como la pandemia actual. En esta situación aparecen en escena la desinformación y los rumores, junto con la manipulación de la información con intenciones dudosas. En la era de la información, este fenómeno se amplifica mediante las redes sociales propagándose más lejos y más rápido, como un virus. (11)

La infodemia está marcada por la intencionalidad, información no verificada que se expande rápidamente y crea confusión y engaño. Implica a los ciudadanos que desconocen la verdad del hecho, ocasionando perjuicios en el orden social, político y económico.


Infodemia y desinformación durante la pandemia de la COVID-19

A lo largo de la historia de la humanidad, en diferentes épocas, han surgido teorías conspiratorias asociadas a la aparición de pandemias como la peste negra (siglo xiv) y la gripe española (1918-1920), por mencionar solo algunas. La pandemia de la COVID-19, en un contexto informacional y tecnológico superior a las que le precedieron, ha superado con creces el número de teorías alternativas y su propagación a través de las redes, sobre aspectos tan sensibles como la naturaleza de su origen, la efectividad de los tratamientos, el total de población infectada y fallecidos, las implicaciones económicas que ha tenido en los países afectados, quiénes son inmunes a la enfermedad, los países que han creado vacunas efectivas, la utilización de remedios con plantas medicinales, infusiones y agua caliente, entre otras.

El director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, al referirse al tema ha señalado que "las personas deben tener acceso a información precisa para protegerse a sí mismas y a los demás", y afirmado que "debemos combatir la propagación de rumores y la desinformación…", ya que la infodemia obstaculiza "las medidas de contención del brote, propagando pánico y confusión de forma innecesaria y generando división en un momento en el que necesitamos ser solidarios. En la OMS no solo estamos luchando contra el virus; también estamos luchando contra los provocadores y los teóricos de la conspiración que promueven la desinformación y socavan la respuesta al brote". (12)

El análisis de estos sucesos muestra que las cadenas de mensajes que contienen información falsa, sin rigor científico, pueden generar preocupación, desatar acciones desacertadas y traer consecuencias nefastas para la salud de la población. Un ejemplo fue lo sucedido en Estados Unidos, a partir de una declaración en rueda de prensa del presidente Donald Trump [i], quien al referirse a la evolución del coronavirus, alegó que quizás sería buena idea inyectar en el cuerpo de los pacientes con COVID-19 algún desinfectante o golpearlo con una tremenda luz ultravioleta. Esta declaración ocasionó especulación y actividad de redes sociales que tuvo consecuencias en la salud de un grupo de ciudadanos que ingirieron detergente o lejía.

Sobre esta falsa información accionó el Centro de Control de Intoxicaciones de Blue Ridge, en Virginia [ii], al advertir a los estadounidenses sobre el peligro de ingerir productos de limpieza, que pueden causar intoxicaciones, y añadió en su nota que "…hay muchas cosas confusas, incompletas y simplemente inexactas circulando sobre cómo prevenir la propagación del virus de la COVID-19. Algunas medidas no ayudarán y algunas podrían ser francamente peligrosas".(13)

Entre el 24 y el 27 de enero, Axios reportaba que cerca de 13 000 publicaciones en Twitter, páginas públicas en Facebook y Reddit habían propagado teorías de la conspiración sobre el virus que incluían que podía ser un arma biológica o un método de despoblación.(14)

Se mencionan a continuación ejemplos de noticias falsas que han circulado por las redes, se han compartido entre amigos, han recorrido el mundo y, en muchas ocasiones, se han puesto en práctica: "bañarse con agua caliente previene la infección", "el virus no puede transmitirse en zonas con climas cálidos y húmedos", "helicópteros de la fuerza aérea pulverizarán desinfectante como parte del protocolo para erradicar la COVID-19".

Ante esta situación tan compleja que implica la salud de las poblaciones es necesario basar las decisiones en evidencias científicas: "es hora de que la ciencia esté en manos de todos y sea la guía de todos".(15) La desinformación es una enfermedad que prolifera porque encuentra sectores de la población mundial que no están alfabetizados informacionalmente, y por tanto requiere para su enfrentamiento de alianzas y estrategias coordinadas entre los gobiernos, las organizaciones líderes a nivel mundial, las instituciones académicas, los sistemas de información y los medios de comunicación.

 

Estrategias conjuntas desarrolladas para enfrentar la desinformación

La Organización Mundial de la Salud puso en marcha el programa piloto EPI-WIN [iii], que tiene como objetivo garantizar la veracidad de la información oficial comunicada al público a través del intercambio con profesionales que emiten recomendaciones y a su vez reciben información sobre la COVID-19. "Inmediatamente después de que la COVID-19 fuera declarada una emergencia de salud pública de preocupación internacional, el equipo de comunicación de riesgos de la OMS lanzó una nueva plataforma de información llamada Red de Información de la OMS para Epidemias (EPI-WIN), con el objetivo de utilizar una serie de amplificadores para compartir información personalizada con grupos objetivos específicos" (11).

La International Fact-Checking Network (IFCN, por sus siglas en inglés; Red Internacional de Verificación de Datos, en español) es una unidad del Instituto Poynter y fue creada en el 2015 con el objetivo de convocar a los periodistas para la verificación de hechos a nivel internacional. Cuenta con un amplio grupo de colaboradores en diferentes regiones del mundo.

La directora adjunta de la International Fact-Checking Network (IFCN), Cristina Tardáguila, manifestó que la IFCN ha producido análisis sobre el flujo del contenido falso relacionado con el coronavirus. "En un primer momento, identificaron tres olas de desinformación. Una de estas decía que el virus era antiguo y había sido creado posteriormente para vender una vacuna. Otra era sobre las causas del origen de la enfermedad, como los plátanos o la sopa de murciélago. Y había, desde luego, teorías conspirativas: Bill Gates era el responsable o que eran armas biológicas de China, etc."(16). Al respecto, comentó que todas las noticias fueron seguidas de fotos y videos falsos, y finalmente aparecieron las curas milagrosas.

Por su parte, la UNESCO realizó el webinario "Fake News durante la COVID-19, ¿cómo identificarlas y abordarlas pedagógicamente?", convocado para que participaran los profesores por considerarlos actores esenciales en la lucha contra la desinformación. "Desde el comienzo de la COVID-19, las redes se han inundado de datos erróneos, alertas falsas y medidas que no han sido anunciadas. La epidemia de desinformación es innegable y no podrá resolverse sin la ayuda de las y los profesores. Se realizó una introducción sobre qué son las fake news, qué consecuencias tiene su viralización y cómo pueden identificarlas, para que puedan compartir esta información con sus alumnos y alumnas.(17)

Otro aporte importante de la UNESCO es la publicación del texto "Disinfodemic. Deciphering COVID-19 disinformation". Afirman que la desinformación de la COVID-19 crea confusión sobre la ciencia médica con impacto inmediato en todas las personas del planeta, y en las sociedades en general. Es más tóxica y más mortal que la desinformación sobre otros asuntos. El documento presenta un resumen de políticas que implementar y acuña el término de desinfodemia, que funciona diametralmente en contra al concepto de información como base para el conocimiento, información verificable, confiable, producto del desarrollo de la ciencia y el periodismo profesional. El documento hace énfasis en la necesidad de promover la alfabetización mediática e informacional, que incluye el pensamiento crítico y habilidades que permiten la verificación de contenidos digitales.(18)

La Organización Panamericana de la Salud ha presentado el tema COVID-19 y la importancia de fortalecer los sistemas de información. Asevera que "durante una pandemia, más que en ninguna otra situación de salud pública, los sistemas de información desempeñan un papel crítico para gerenciar los datos y la información necesaria a la velocidad que la situación lo requiere. Asimismo, son clave para disponer de evidencia para la acción, tomar decisiones lo más informadas posibles y adecuar políticas que permitan una mejor inteligencia en acciones de salud. (19) Recomienda implementar acciones de formación profesional para la alfabetización digital de los trabajadores de la salud, en consonancia con lo planteado por la UNESCO.

En Cuba, son muchos los esfuerzos que se han realizado, liderados por la máxima dirección del país, el Ministerio de Salud Pública, la Academia de Ciencias de Cuba, los Centros de Investigación, las Universidades y los Organismos de la Administración Central del Estado. Sus miembros se integran a grupos de trabajo temporales multidisciplinarios, que desarrollan investigaciones científicas y estrategias para enfrentar la pandemia. Los medios de difusión masiva y los sitios web oficiales difunden información oportuna y validada para que la ciudadanía tome decisiones informadas en la lucha contra la COVID-19.

Profesionales de la salud, especialistas de información y comunicadores organizan alianzas para mitigar los rumores y la desinformación sobre la COVID-19. Algunas de estas iniciativas, para apoyar el seguimiento y vigilancia del proceso de la epidemia, fue la creación del Observatorio Científico [iv], como el espacio para monitorizar, compilar, analizar y visualizar el comportamiento de la información científica y tecnológica ante la COVID-19. Otras aparecen recogidas por las autoras Alonso Galbán y Alemañy Castilla en el trabajo "Curbing Misinformation and Disinformation in the COVID-19 Era: A View from Cuba, publicado recientemente en Medicc Review.(15)

La Revista Cubana de Información en Ciencias de la Salud, en su último número, dedica su editorial a la "Desinformación en tiempos de COVID-19: ¿qué podemos hacer para enfrentarla? (20). La autora invita al debate sobre el rol que deben desempeñar los científicos en el área de salud, los profesionales de la información y los editores de revistas científicas, ponderando la necesidad de contribuir al desarrollo de la competencia crítica en información, como arma esencial para combatir la desinformación. Afirma: "No bastan las habilidades técnicas e instrumentales relacionadas con el acceso, el uso y la producción de información. Es necesario desarrollar actitudes y habilidades de reflexión y evaluación de la información, de conciencia política y social, de lectura crítica de la realidad (y de las informaciones que componen nuestra realidad)".(20)

"Los profesionales de la información deben contar con las competencias que les permitan identificar fuentes digitales válidas como referentes para sus trabajos, estar en capacidad de filtrar los miles de recursos disponibles sobre su tema en la Red, muchos de los cuales pueden ser engañosos y poco fiables (21); y "… contribuir a que las tecnologías de la información y los sistemas de información se adapten mejor a los diferentes grupos de usuarios e intereses". (22)

Las estrategias mostradas tienen elementos coincidentes, en relación a la urgencia de implementar programas de alfabetización informacional que preparen a los ciudadanos para el uso adecuado de la información, con pensamiento crítico y responsabilidad. "Alfabetización informacional es la adopción de un comportamiento informativo apropiado para la identificación, a través de cualquier canal o medio la información adecuado a las necesidades que nos permita alcanzar un uso inteligente y ético de la información en la sociedad".(23)

Las sociedades modernas están llamadas a educar a los ciudadanos para que sean diligentes en la búsqueda de información relevante, enfocados en preguntar e indagar, persistentes en la búsqueda de resultados tan precisos como las circunstancias y el problema o la situación lo permita. (24)

Alfonso Sánchez, directora del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas de Cuba, recomienda analizar la información que se recibe, a partir de determinados elementos: "el primer punto a tener en cuenta es la autoría, seguido del contexto de lo que se lee, de qué fuente proviene, atender la fecha de publicación, la actualidad, la editorial que publica y revisar las citas falsas. Se debe tener sentido común y crítico frente a la información y saber analizar lo que se lee".(25)

Solo así se podrá poner fin a la desinformación. El conocimiento es el antídoto de la ignorancia, la desvalida en las poblaciones que tienen altos índices de analfabetismo, problema aún pendiente en un mundo globalizado y matizado por las desigualdades sociales, donde el desconocimiento es el arma más utilizada para la manipulación y el engaño.


CONCLUSIONES

La desinformación es una enfermedad altamente contagiosa, y su transmisión se realiza entre individuos que tienen como base la carencia de competencias informacionales (conocimientos, habilidades y actitudes para el uso e interpretación adecuada de la información).

La expansión de la pandemia COVID-19 por el mundo demostró cuán expuestas están las poblaciones a este mal que azota la sociedad moderna, en este contexto tratada como infodemia. Ante tal situación, para combatir y dar respuesta a un entorno tan complejo, es necesario crear alianzas estratégicas entre los gobiernos, los sistemas de información, las universidades y los medios de comunicación para implementar programas de alfabetización informacional que involucren a todos los ciudadanos.

La implementación de políticas de información que insten a las organizaciones e instituciones científicas, educativas y culturales a trabajar de forma coordinada en estrategias para la formación de competencias informacionales desde edades tempranas contribuirá a formar individuos preparados para insertarse en la sociedad de la información y el conocimiento, utilizando las herramientas y tecnologías de la información con responsabilidad. Tener ciudadanos alfabetizados informacionalmente implicará garantizar el acceso equitativo a la información, el fomento de su autonomía y el desarrollo de su capacidad crítica en la compleja sociedad actual.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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[ii] Myrick D. CBS19 news. Abr 2020. https://www.cbs19news.com/story/41893439/blue-ridge-poison-center-warning-people-not-to-drink-bleach

[iii] EPI-WIN: WHO information network for epidemics https://www.who.int/teams/risk-communication

[iv] Infomed. 23 marzo 2020. https://temas.sld.cu/coronavirus/covid-19/observatorio-cientifico/


Declaración de autoría: Ileana Alfonso: 60 %, planificó el estudio, recopiló datos, discutió la información y escribió el artículo. María de las Mercedes Fernández: 40 %, recopiló datos, discutió la información y escribió el artículo.

Declaración de conflictos de interés: No hay conflicto de intereses.

Financiamientos: No se recibió ningún apoyo financiero para la realización de la investigación.

 

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